Eduardo Strauch, superviviente del accidente de los Andes
"Mantengo el cordón umbilical y me nutro de
los Andes"
60 años. Nací
y vivo en Montevideo. Soy arquitecto. Casado y con 5 hijos. Me inclino por el voto útil. Fui educado
en la religión católica, pero desde el accidente
de los Andes (1972) creo en mí, en el poder de la mente y en mi espíritu como parte de la energía universal
¿Por qué después de 30 años de silencio decide
hablar?
El tiempo es muy relativo. Pasé 72 días sobreviviendo en condiciones extremas y
ese tiempo me cambió mucho más que todo el resto de mi vida. Necesité tres
décadas para saber que compartir mi historia era útil para mí y para los demás.
¿Cuál era su papel en aquella comunidad de supervivientes?
Viajábamos cuatro primos, sobrevivimos tres. Éramos los mayores del grupo,
teníamos 25 años, y de forma natural nos convertimos en los líderes. Nos
encargábamos de cortar la carne de los cadáveres y repartirla, y levantar el
ánimo a los más jóvenes.
¿Qué les ayudó a resistir?
Lo fundamental: volver a ver a
¿Por qué estadios emocionales pasó?
Por los más intensos de mi vida, los más difíciles, duros, desesperantes y
tristes; y también por los de mayor felicidad y plenitud.
Hábleme de ellos.
El primer momento que me sorprendió, que pensé "¿cómo me puede estar
ocurriendo esto?", sucedió después de la avalancha que mató a ocho más de
nosotros; tras tres días de estar encerrados con los muertos en la destrozada
cabina con un montón de nieve encima.
Qué horror.
... Nos dimos cuenta de que estábamos quedándonos sin oxígeno y tres de
nosotros salimos a hacer un agujero en
¿Se repitió?
Al final, en las últimas semanas y por supuesto el día que oímos en nuestra
pequeña
Lo habían logrado.
Cada año volvemos juntos a
¿Tenemos recursos insospechados?
Sí, tenemos unas capacidades increíbles en nuestra mente y en nuestros
corazones.
¿Ha vuelto a utilizarlas?
Sí. Hace unos seis años me volví asmático, un asma fatal, y estuve un año
dependiente de los inhaladores hasta que dije basta y usé la mente para
librarme de esa enfermedad psicosomática. El increíble poder de nuestra mente
es lo que más intento transmitirles a mis hijos, sabiendo que si no lo has
experimentado es difícil de entender.
¿Hubo problemas entre ustedes?
Se forjó una tremenda camaradería, en parte porque éramos conscientes de que
éramos una pieza de un equipo y nos ayudábamos unos a otros para seguir
viviendo, pero había más, había amor. Vivíamos casi sin agua, sin alimento, con
frío, sucios, apretados. Por las noches dormíamos con los pies del de delante
sobre los hombros.
Situación idónea para pelearse.
Nos dábamos amor, y amor entre chicos, ya sé que en nuestra cultura machista
suena rarísimo. Fue otro gran aprendizaje, ser receptivo y abrirse, expresar
los sentimientos y recibirlos, es básico para la vida; una ley universal que he
podido comprobar en mis conferencias: si das, recibes por triplicado.
¿De qué hablaban?
Al principio hablábamos sin parar de nuestras familias y de comida, y pasábamos
horas rezando juntos el rosario. Yo ya tenía la convicción de que no le estaba
rezando a nadie para que me ayudara, sino que era una forma de reforzarnos
entre nosotros. Cuando nos enteramos de que la búsqueda se había suspendido,
nuestra mente se concentró en no perder energía.
¿Dejaron de hablar de la familia?
Sí, y casi de sentir. Cuando en la avalancha murió Marcelo, mi socio y mejor
amigo desde los siete años, sentí un picotazo de dolor, pero inmediatamente
boqueé ese sentimiento y no hice duelo. Lo estoy haciendo ahora: cada año
visito su tumba en
¿Y el humor?
Hubo chispazos, y al final, cuando nos fuimos adaptando, prevalecía el humor
negro. Nos adaptamos hasta tal punto que, cuando nos rescataron, todos sentimos
nostalgia de abandonar nuestro refugio.
Esos valores de amor y convivencia, ¿cree que están en todo ser humano?
Sí, pero hay que luchar para que no queden enterrados en el fondo. Esta vida
artificial, llena de absurdas necesidades y lejos de la naturaleza, nos
distancia de nuestra esencia.
¿Le costó readaptarse?
Dos años. Todo me parecía muy tonto y superficial, y el tono de voz fuerte y rápido de la gente me molestaba.
¿Cambió sus actitudes en la vida?
Hoy sé que todos y todo tiene una parte positiva, la encontré en la cordillera;
pero si siento que una persona no es receptiva y me saca energía, corto
'Exit'
Sobre la odisea de los Andes, cómo 16
universitarios sobrevivieron 72 días a 30 º C bajo cero tras el accidente de
avión, y cómo salieron ellos mismos de allí, se han realizado películas (Viven)y varios libros, y hoy se presenta un nuevo documental de
Gonzalo Arijón, Náufragos, en
Entrevista de Ima Sanchís publicada a ‘La
Contra’ de La Vanguardia
el 26 de juny de 2008